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Crónica narrativa - Feria del libro

  • Foto del escritor: Maitena Dubas
    Maitena Dubas
  • hace 17 horas
  • 5 Min. de lectura

Un día en la Feria del libro.

La Feria del Libro siempre me había parecido un lugar enorme y lleno de cosas para descubrir, pero recién en estos últimos dos años pude empezar a ir seguido porque antes se me complicaba por la distancia. Este año se cumplían cincuenta años y tuve la oportunidad de ser participante de este gran evento que creció a lo largo de los años. Fui el domingo 10 de mayo junto a mi novio y apenas entramos a La Rural, ya había muchísima gente recorriendo los pasillos, mirando libros, sacando fotos y participando de actividades. Lo primero que me sorprendió fue la variedad de stands y provincias que había en los distintos pabellones. Cada espacio parecía un mundo distinto; algunos tenían música, otros muestras visuales, autores invitados o actividades para participar.

Uno de los stands que más me llamó la atención fue el de Santiago del Estero. Había personas tocando música en vivo y mucha gente alrededor bailando, cantando, filmando y comentando lo bueno que estaba el show. Nos quedamos bastante tiempo escuchando porque se sentía un ambiente muy alegre y cercano. Me gustó ver cómo dentro de un lugar lleno de libros también había espacio para otras expresiones que reunían a las personas. Otra de las experiencias más divertidas fue entrar al laberinto de Borges en el Pabellón Ocre. Al principio elegimos un camino equivocado y parecía que nunca íbamos a encontrar la salida. Durante el recorrido aparecían códigos QR con frases que decían “¿Te perdiste?”, pero nosotros preferimos seguir buscando la salida solos. Finalmente logramos llegar al final, donde había un banco y una televisión que mostraba una entrevista de Jorge Luis Borges hablando sobre la literatura. También recorrimos otra sala con fotografías, libros, proyecciones e información sobre su vida y su obra. Me pareció interesante cómo todo el espacio estaba pensado para que la persona no solo leyera sobre Borges, sino que también viviera una experiencia relacionada con sus textos y con la idea del laberinto tan presente en sus cuentos. Además, había muchas referencias a “El Eternauta” y muchísima gente comprando el libro. También encontré espacios dedicados a “Alicia en el país de las maravillas”, paredes donde las personas podían recomendar lecturas y hasta “la famosa silla de Mafalda” para sacarse fotos. Todas estas atracciones hicieron que el tiempo pasara rapidísimo.

Durante el recorrido vi muchos libros que me llamaron la atención, principalmente por sus tapas, sus títulos o porque ya había escuchado hablar de ellos en TikTok o por adaptaciones cinematográficas. Algunos de los que más me interesaron fueron Makeover Extremo, edición apocalipsis de Dan Wells, El juego de las extrañas de Cylin Busby, Stung de Joss Stirling, Los seis finalistas y Hay vida debajo de Alexandra Monir, La lista de no besar de Naomi y Ely de Rachel Cohn y David Levithan, Podría quedarme acá de Oriana Sabatini, 32 historias que todo líder debería leer de Claudio Zuchovicki y Jonatan Loidi, Los siete maridos de Evelyn Hugo de Taylor Jenkins Reid y toda la saga de Los juegos del hambre de Suzanne Collins.

Cuando entro a una librería casi siempre voy directamente a la sección de ficción o romance. Me gusta leer la contratapa y mirar la portada antes de decidirme. No tengo un autor favorito fijo, sino que voy descubriendo lecturas nuevas según el título, la estética del libro o la historia que promete contar. Por eso disfruto tanto recorrer la feria y siento que cada stand puede esconder una próxima lectura inesperada. Uno de los espacios que más me gustó nuevamente este año fue el stand de Librería Dickens porque tiene mucha variedad y ofertas accesibles.

También me interesó conocer más sobre algunos autores. Por ejemplo, Alexandra Monir siempre estuvo vinculada al arte y contó varias veces que desde chica la lectura era una manera de imaginar otros mundos. Algo parecido sucede con David Levithan, quien explicó que leer lo ayudaba a entender mejor a las personas y a la realidad. En el caso de Oriana Sabatini, aunque es más conocida por la música y la actuación, habla de la escritura y los libros como espacios de reflexión personal. Me hizo pensar que, aunque los autores tengan trayectorias distintas, muchos comparten la idea de que la lectura sirve para escapar, comprender o expresarse. Las tapas de algunos libros también me hicieron imaginar posibles historias. Por ejemplo, “Los seis finalistas” me transmitió una sensación futurista y misteriosa por sus colores oscuros y el cielo lleno de estrellas, como si los personajes estuvieran enfrentando un desafío en otro planeta. “Stung” me generó intriga por la frase “Si amar pusiera tu vida en peligro… ¿te atreverías a hacerlo?”, que anticipa una historia romántica atravesada por el peligro. En “Podría quedarme acá”, la imagen del rostro cubierto por plástico me hizo pensar en emociones intensas, ansiedad y conflictos internos.

Mientras recorríamos la feria, también escuché distintos testimonios de personas que hablaban sobre su relación con la lectura. Una chica contó que siempre lleva un libro para leer en el colectivo o antes de dormir porque la ayuda a desconectarse de la rutina. Otra persona dijo que lee especialmente de noche porque es el único momento tranquilo del día. Y alguien más comentó que empezó a leer por recomendaciones de amigos y que ahora elegir libros en librerías se volvió un hábito importante en su vida. Escuchar esas experiencias me hizo notar cómo cada persona vive la lectura de una manera distinta, aunque en todos aparece como un espacio de imaginación, compañía o refugio.

No pude sacar muchas fotos porque había demasiada gente en todos lados, pero hubo una escena que me quedó grabada. Un padre leyendo un libro con sus dos hijos y los chicos miraban más las imágenes que el texto, pero igual se notaba la conexión y el momento compartido entre ellos. Me transmitió mucha ternura y pensé que probablemente ese recuerdo iba a quedar para siempre en la memoria de esa familia.

Durante el recorrido también encontré frases de autores pegadas en el piso. Una de las que más me gustó fue de Ricardo Piglia: “Uno escribe para saber qué es la literatura”. También me impactaron dos frases de Borges: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído” y “Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca”. Sentí que esas frases representaban muy bien el espíritu de la feria, porque todo el tiempo había personas leyendo, buscando historias o compartiendo libros con otros.

La historia de la Feria del Libro también demuestra la importancia que tiene la lectura en la sociedad argentina. Desde su primera edición en 1975 fue creciendo hasta convertirse en uno de los eventos culturales más importantes de América Latina. Además de vender libros, la feria siempre funcionó como un espacio de debate cultural, político y social. Hubo homenajes a autores censurados durante la dictadura, discusiones sobre libertad de expresión y discursos polémicos que reflejaron distintos momentos del país. Eso demuestra que los libros no son entretenimiento sino también forman parte de la memoria, la identidad y las discusiones de la sociedad argentina.

Después de recorrer todos los pabellones, confirmé algo que ya sentía desde la primera vez que fui, esta feria tiene algo especial. No importa si uno compra muchos libros o solamente mira. El simple hecho de estar rodeado de tantas historias, autores y lectores genera una sensación difícil de explicar. Me gusta caminar entre los stands pensando cuál será mi próxima lectura, descubrir libros nuevos y observar cómo miles de personas siguen encontrando tiempo para leer en medio de la rutina. Creo que eso demuestra que, en Argentina, la lectura sigue siendo una parte muy importante de la cultura y de la vida cotidiana.

 
 
 

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