Autobiografía
- Maitena Dubas
- 10 abr
- 2 Min. de lectura
Mi nombre es Maitena Dubas. Nací en la provincia de Santa Fe, en la
ciudad de Rafaela, un lugar tranquilo que marcó mis primeros años y mis primeras experiencias con la lectura y la escritura. Recuerdo mis comienzos en el jardín, donde empecé a escribir mis primeras palabras: algunas sin sentido, otras imitando lo que veía a mi alrededor. Sin saberlo, ahí comenzaba a construirse mi vínculo con el lenguaje.
Mi relación con la lectura empezó en la escuela. Al principio, no siempre entendía lo que leía, pero con el tiempo fui encontrando textos que me interesaban y me atrapaban. Leer se transformó en un espacio propio, una forma de distraerme, pero también de conocerme. Fue a los 12 años cuando este vínculo se volvió más fuerte: mi mamá me regaló el primer libro de El club de las zapatillas rojas, una saga que me acompañó durante mucho tiempo. Me gustaba tanto que muchas veces releía los libros, descubriendo detalles nuevos en cada lectura. Incluso tenía un diario donde anotaba frases o momentos que me llamaban la atención. Esa costumbre de marcar lo que leo la sigo manteniendo hasta hoy.
Con el paso del tiempo, mis lecturas fueron cambiando. Empecé con cuentos infantiles como los de Barbie o libros para antes de dormir, y más adelante, en la adolescencia, me acerqué a clásicos como Orgullo y prejuicio y Mujercitas. Aunque disfruto distintos géneros, la ciencia ficción es, sin dudas, mi favorita. Mi saga preferida es Los Juegos del Hambre: puedo leerla una y otra vez, y siempre se siente como la primera vez.
Por otro lado, mi relación con la escritura también fue transformándose. Al principio estaba ligada a consignas escolares, pero poco a poco empecé a verla como una herramienta para expresarme, ordenar mis ideas y poner en palabras lo que pienso o siento. Sin embargo, a diferencia de la lectura, la escritura siempre fue un desafío mayor para mí.
Durante esos años también crecí acompañada de un grupo de amigas que sigue siendo muy importante en mi vida. Aunque hoy estemos en distintos lugares, el vínculo se mantiene intacto, como el primer día. Dejar mi ciudad y mudarme implicó alejarme de mi familia y de ellas, lo cual no fue fácil. El año pasado, cuando comencé el CBC, sentí esa ausencia, sumada a la incertidumbre de empezar una nueva etapa. Aun así, con el tiempo logré adaptarme y formar nuevas amistades que hicieron mis días más llevaderos y divertidos.
Hoy llego al taller de escritura con muchas expectativas. Siempre me gustó leer, pero no tanto escribir, por lo que este espacio representa un desafío importante. Mi intención es animarme más, mejorar y desarrollar nuevas habilidades. Espero poder aprender, intercambiar ideas con mis compañeros y encontrar, poco a poco, mi propia forma de expresión.
Siento que este es solo el comienzo de un camino en el que la escritura puede convertirse en una herramienta fundamental para crecer, no solo como estudiante, sino también como persona.




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