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Foto familiar, esquina y la traición

  • Foto del escritor: Maitena Dubas
    Maitena Dubas
  • 14 may
  • 2 min de lectura

De alguien que no te lo esperabas .


Un domingo de junio, mis amigas del colegio y yo posábamos para una foto sobre la nieve. Con las camperas iguales, parecíamos un grupo de sombras perdidas en medio de ese paisaje blanco. Detrás de nosotras, las montañas se levantaban enormes y silenciosas. Estábamos unidas en un viaje y en un momento que creíamos que íbamos a recordar para siempre.


Unos días después de nuestro triste regreso, nos juntamos para hablar y volver a recordar todas las anécdotas del viaje. Fuimos al McDonald’s de la esquina, al que siempre íbamos después del colegio, aunque esta vez era de noche y las luces de los carteles iluminaban toda la calle.

Después de pedir la comida, me senté en la mesa. A un lado tenía a Lucía y al otro a Valentina. Pero esa noche sentí a Lucía demasiado extraña. Estaba callada, mirando el celular todo el tiempo y evitando hablarme.


Cuando salimos del Mc, me despedí de cada una con un beso y un abrazo porque mi casa quedaba para el otro lado. Cuando llegó el turno de Lucía, se acercó, me saludó y me dijo en voz baja “Perdón”. La miré confundida, sin entender a qué se refería.


Después de dos semanas de vacaciones, volví al colegio. Escuché a mi grupo de amigas riéndose fuerte, pero cuando me acerqué, todas se quedaron calladas y me miraron con los ojos abiertos. Entonces entendí por qué. Sobre la mesa había una computadora con fotos de una fiesta de algún fin de semana… y yo no había sido invitada.

Con la voz entrecortada, pregunté dónde había sido. Todas miraron a Lucía.

“Fue en mi casa, después de que nos juntamos del viaje”, dijo apenada y bajando la cabeza.


En ese momento, lo único que se me ocurrió fue dar media vuelta, salir del colegio e irme a mi casa. Mientras caminaba, empecé a pensar en qué había fallado, qué había hecho mal. Y entonces una imagen volvió a mi cabeza. El silencio de Lucía en el McDonald’s, cómo me ignoraba, cómo evitaba hablarme y aquella palabra que me había dicho antes de despedirse, “Perdón”.

No la había entendido hasta ahora.


Entonces recordé la foto del viaje. El abrazo, las risas, todas mirando a la cámara. Y sentí que la traición ya estaba ahí, congelada en esa imagen, aunque yo todavía no podía verla.




 
 
 

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