top of page
logo

Carta 2 de Sabrina Carpenter a Ricardo Darín

  • Foto del escritor: Maitena Dubas
    Maitena Dubas
  • 3 jun
  • 3 min de lectura

Querida Sabrina


Antes que nada, gracias por tus palabras. Te confieso que recibir elogios de una artista reconocida siempre halaga, aunque también me genera una pequeña sospecha porque en Argentina, cuando alguien empieza diciéndote cosas lindas durante demasiado tiempo, uno revisa la billetera para asegurarse de que sigue ahí.


Leí tu carta con atención y entiendo tu preocupación. Es cierto que vivimos tiempos extraños y las personas parecen más cansadas, más distraídas y más encerradas en sí mismas. Además, es verdad que muchos sienten que los sistemas políticos y económicos ya no responden a las necesidades de la gente y en eso, al menos parcialmente, coincido con vos. Sin embargo, donde coincidimos en el diagnóstico empezamos a separarnos en la solución. Decís que las sociedades están dormidas y que hace falta un acontecimiento extraordinario para despertarlas y yo no estoy tan seguro. La Argentina tiene una larga tradición de crisis, reinvenciones y contradicciones y somos especialistas en caernos, discutir por qué nos caímos y después discutir sobre la discusión; pero justamente por eso aprendimos algo importante que los cambios duraderos rara vez nacen de la violencia y suelen surgir de procesos mucho más lentos, incómodos y complejos. También afirmás que ciertos dirigentes representan el origen de todos los males y ahí aparece otro problema. Los héroes suelen tener sombras y los villanos suelen ser bastante más complejos de lo que nos gustaría admitir. Cuando una persona empieza a creer que todos los problemas del mundo tienen un único responsable generalmente está a punto de cometer un error enorme. Y es donde llegamos entonces al centro de tu propuesta. Una cosa es preocuparse por la realidad y otra muy distinta es concluir que la solución consiste en eliminar físicamente a quienes pensamos que representan el problema. Ahí es donde me bajo del tren y te lo digo con cariño. Vos planteás que un doble atentado podría despertar a los pueblos y poner en marcha una transformación histórica, pero yo creo exactamente lo contrario. La violencia política rara vez despierta a una sociedad y generalmente la adormece con miedo, resentimiento y más violencia.  Además, hay algo profundamente contradictorio en tu propuesta. Querés construir una sociedad basada en el amor, la libertad y la justicia utilizando asesinatos como punto de partida. Pensar que dos asesinatos van a despertar a los pueblos es como pensar que porque te vaciaron la cuenta del banco podés recuperar todo el sistema financiero con una gomera. Al principio puede parecer una respuesta satisfactoria frente a la bronca o la frustración, pero no resuelve el problema real, sino que apenas lo reemplaza por uno todavía más grave.


Si algo aprendí de historias como La odisea de los giles, es que los poderosos pueden ser insoportables y los sistemas injustos pero la solución no aparece cuando uno responde con más violencia, sino cuando logra actuar sin convertirse en aquello que critica. También decís que son muchos los que están dispuestos a dar la vida por esta causa. Puede sonar admirable, pero a mí siempre me impresionaron más quienes dedican su vida a construir algo. Al final las sociedades avanzan gracias a la gente que trabaja, enseña, crea y vuelve a intentarlo cuando las cosas salen mal, no gracias a quienes quieren imponer sus ideas por la fuerza.


Y sobre mí, permitime decepcionarte un poco, pero creo que me confundiste con alguno de mis personajes, donde en las películas puedo participar de conspiraciones, persecuciones y situaciones delirantes, pero fuera de la pantalla soy apenas un actor que intenta entender el mundo como puede. Ya bastante trabajo me da decidir qué pedir en una parrilla como para organizar revoluciones continentales.


Y respecto de tu propuesta personal, debo admitir algo que a primera vista me tienta, pero la verdad que me gustaría invitarte a comer un asado tradicional argentino con un buen vino. Me parece un plan bastante más razonable que declarar una guerra continental, asesinar presidentes y casarnos sobre una montaña de cadáveres y está claro que no va a cambiar la historia universal, pero al menos nos permite llegar vivos al postre.

Así que mi respuesta es no. No al asesinato. No a los atentados. No a los mesías armados que prometen paraísos futuros. Prefiero seguir creyendo en algo menos espectacular y bastante más difícil como las discusiones, las cultura, el voto, la crítica, el humor y la capacidad humana de corregir sus propios errores porque al final del día, Sabrina, los pueblos no se liberan cuando alguien mata en su nombre. Se liberan cuando aprenden a decidir por sí mismos.


Con afecto y respeto

Ricardo

 
 
 

Comentarios


bottom of page